
Al poco de nacer, con unos meses, fue abandonado en el torno de una inclusa. Las monjas le dieron el nombre de Rodrigo de Todos los Santos, ya que sus padres ni siquiera dejaron una nota con el nombre del bebe. El niño fue vendido como aprendiz de un guarnicionero, pero el muchacho era rebelde y el olor de los curtidos no le agradaba lo más mínimo. Después de muchas trastadas, su maestro lo incluyó en un paquete de venta, junto a una silla de primera calidad, para un soldado que hacía la función de mensajero para una baronía cercana.
El muchacho empezó entonces a tomar contacto con la noble profesión de mensajero y siendo escudero de su señor aprendió algunos trucos del oficio, aunque nunca se llevo muy bien con los caballos. Siempre prefirió sentir sus pies sobre el duro y confiable suelo.
Su maestro murió en un accidente, pero dado que al muchacho lo había cogido cariño, en su lecho de muerte le pidió al cura que lo atendió que liberara al muchacho de cualquier servicio o vasallaje. Rodrigo era libre para buscar su propio destino.
Dado que ya tenía una edad adecuada, catorce años, se enroló en las filas de los soldados de uno de los barones del Este, Fernando, el
Barón de Piedra, dueño de la
Baronía de Piedra, a la que su maestro había servido. Comenzó como correo y mensajero, aprovechando su experiencia y debido a sus pocos años, pues no se solía poner en primera línea de batalla más que a los muy veteranos y curtidos.
Pero Rodrigo ascendió rápidamente. En más de una ocasión dejo atrás su caballo en ausencia de mensaje que enviar y tomando la espada de algún muerto, se lanzó a la batalla, un valor suicida que lo hizo muy querido entre los veteranos, los cuales le adoptaron a modo de aprendiz. De ellos aprendió como sobrevivir en el caos de una batalla, que es la principal ocupación de cualquier hombre inteligente que se vea en tales lides. Eso le condujo a volverse un soldado veterano y temido. El respeto que los novatos y algunos de su quinta le tenían le valió, con el tiempo, el que se le otorgase su propia unidad.
Sin embargo, su capacidad para el combate no equivalía a su habilidad como táctico. Su unidad fue masacrada, y él, aunque se las compuso para sobrevivir, fue expulsado con deshonor. Avergonzado y deshecho en remordimientos, terminó vagando como mendigo, que realizaba trabajos menores para poder sobrevivir, resignándose a comer el pan bazo cuando aun los trabajos más indignos le eran denegados...
Fue así, algo borracho y derrotado, como le encontró
Lya de Meldavia.
Lya vio en Rodrigo una excelente oportunidad. Un soldado entrenado y poderoso, joven aún, pues no contaba por aquel entonces más de veintiséis años, al cual podía hacer leal a su causa. Después de unos baños en agua fría y caliente, un poco de entrenamiento y dos meses sin probar la bebida,
Lya le puso al frente de la guardia del
ducado de Meldavia.
Rodrigo sabe que esta es la segunda oportunidad que esperaba y no piensa dejarla escapar, y venera a su señora por dársela, procurando dolor y sufrimiento a todo aquel que se atreva a causarle algún mal.
Sin embargo... los rumores sobre la familia regente se acumulan en sus oídos. ¿Es posible que la familia generosa y compasiva que le acogió con los brazos abiertos no sea sino un hatajo de ambiciosos con ansias de poseerlo todo?
Jugador:
QuaidBody (Cuerpo): 2
Endurance (Resistencia): 1
Fight (Pelea): 3
Parry (Parada): 3
Run (Correr): 2
Coordination (Coordinación): 1
Dodge (Esquivar): 4
Ride (Cabalgar): 1
Weapon (Espada): 2+ED
Sense (Sentir): 2
Sight (Ver): 1
Charm (Carisma): 1
Fascinate (Fascinar): 1
Jest (Bromear): 1
Plead (Suplicar): 2
Command (Mando): 2
Inspire (Inspirar): 1
Knowledge (Conocimiento): 1
Tactics (Tácticas): 1
Sorcery (Hechicería): 0
Ventajas:
Wealth (Riqueza): 1
Posession "La espada de San Judas" (Ancho + 2)...
"La que ni olvida ni perdona"Hechizos: